Ser político y hacer política

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Se define como “política” aquella acción o acciones que el ser humano realiza en beneficio de la sociedad. Ya lo dijo Aristóteles allá por el siglo V antes de Cristo en su obra titulada Política, en la cual reconocía esta noble tarea como “una acción de gobierno que tiene como final la consecución de objetivos de un determinado grupo”.


Es enriquecedor saber que la política, presente en las colonias y civilizaciones desde tiempos inmemoriales, sigue teniendo protagonismo y cada vez más utilidad, estando siempre al servicio de las personas, resolviendo situaciones y creando esperanza en un futuro mejor y mejor cada día.

Pero hay personas que siguen siendo esclavos de los turbios manejos y las erróneas aspiraciones de políticos sin principios, sin moral, sin objetivos y sobrados de arrogancia y sectarismo.

Ante situaciones de este tipo, sin razones, llenas de rencor y revanchismo, de personas obtusas y de mediocridad ilimitada, existe una maravillosa forma de terminar con los pisoteos, con el despotismo, con las coacciones y con las malas artes, esa forma es “hacer política”.

“Hacer política” es levantarse cada mañana y sentirse útil y necesario para con los demás; pensando que las dificultades tienen solución si existe voluntad por parte de todos, que los problemas desaparecen con la acción individual en un contexto de voluntad colectiva, que las oportunidades se deben repartir con equidad e igualdad para todos y todas; sencillamente, viendo y entendiendo el devenir diario, de cooperación en la forma que buenamente podamos; mayores, adultos y niños, en nuestro trabajo, con los amigos, con la familia, en la escuela, en las asociaciones vecinales, en los colectivos culturales y festivos, en las ONG’s, en los clubes deportivos, en los centros de ayuda social, en las unidades de atención especializada, en las plazas, parques y lugares públicos, etc.

Esta mayoría en la que me incluyo, somos afortunados por tener día tras día la fuerza y oportunidad para contribuir a que las cosas cambien en beneficio de todos y todas, somos afortunados por tener la oportunidad de “hacer política”, aunque no seamos concejales, ni asesores, ni políticos por definición.

Afortunados todos aquellos y aquellas que pueden “hacer política” no confundiendo las prioridades, que son honestos y honestas y trabajan por encontrar una solución y que cuentan con la confianza de vecinos, amigos y ciudadanos y ciudadanas, no por la ropita cara y el peinado chachi con el que se sacan las fotos, sino por sudar y desvelarse para que su municipio sea social, humana y moralmente más grande.

Hacer política es es un deber y es la solución.