La silla ó el sillón

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Poltrona e coppia sedie rocchetto



Manilva Julio 2019.- No voy a entrar en causas, motivos o circunstancias, sino más bien en qué significa y supone el cambio de silla, sillón o escaño, como quieran llamarlo. Es indudable que todos saben a qué me refiero, y es sin duda la noticia del mes, o tal vez la de muchos, tantos que pueden ser una legislatura completa.

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define silla como asiento con respaldo, por lo general con cuatro patas, y en la que sólo cabe una persona. Por su parte recoge sillón como silla de brazos, mayor y más cómoda que la ordinaria, por tanto, ya en la propia definición encontramos que la diferencia es sustancial, de un puesto para una sóla persona a un puesto más cómodo.

Qué pretendo decir con esto. Poca cosa, pero que en primer lugar, quien cambia lo hace por comodidad y, por tanto, con apego a una poltrona que cuanto más cómoda y sustancial, más y mejor.

Pero en política, y sobre todo en un estado democrático como el nuestro, que salvo que el gobierno central lo cambie, es el que tenemos, existe el sufragio universal y son los ciudadanos los que ponen y quitan a los políticos.

Por tanto, son sólo y únicamente los ciudadanos en su conjunto los que libremente deciden qué políticos y qué formaciones políticas quieren que les representen, o eso dicen.

Todo lo demás es ir directamente contra el sistema. Pero la silla, sillón ó como quieran llamarlo es y debería de pertenecer a los ciudadanos, porque son los que con su voto deciden quién se sienta, eso si, hasta que se aplica el sistema. Es más, los ciudadanos somos también los que pagamos a nuestros representantes por sentarse, y realizar las tareas encomendadas.

Si obviamos esto, estamos contraviniendo el sistema y vulnerando las normas más básicas de convivencia, pero es la democracia.

Decía Tagore que no es tarea fácil dirigir a los hombres, empujarlos, en cambio, es muy sencillo.

Y eso parece, según dicen, es lo que ha ocurrido.

J. Manuel Fernández