No debe uno fiarse de la sabiduría popular porque cuando el río suena, “no siempre” lleva agua

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Novimebre 2019.- Suena, agua lleva, es decir, que si mucha gente apoya una idea o hay muchos indicios de que una idea es cierta, entonces será cierta. Sin embargo, confiar en este asentimiento es tan aventurado como confiar justo en la contrario, que la mayoría siempre se equivoca.

Si fuera así, la democracia sería una entelequia (más de lo que ya es), Wikipedia no funcionaría y la inteligencia colectiva sería un término vacío.

La cuestión, pues, parece residir en cuándo debemos depositar nuestra confianza en la mayoría y cuándo no. Por ejemplo, es más inteligente fiarse de lo que afirman los expertos en una disciplina científica porque, entre ellos, hay muchos mecanismos de verificación y se promueve la crítica, en consecuencia, la homeopatía no es efectiva porque hay demasiados estudios que así lo sugieren, aunque haya millones de personas que individualmente sostengan lo contrario. Además, el diseño de los experimentos para confirmar o no la eficacia de un tratamiento elimina gran parte de los sesgos intelectuales de quienes defienden o atacan la terapia.

Tal y como sostiene Esther Duflo, una destacada investigadora: “Si no sabemos si lo que hacemos sirve para algo, no somos mejores que los médicos medievales y sus sanguijuelas. Unas veces el paciente mejora y otras, muere. ¿Son las sanguijuelas? ¿Otra cosa? No lo sabemos.”

Por el contrario, no es muy inteligente fiarse de lo que afirman los militantes de un partido político, donde la disensión y la crítica es reprobada. Algo parecido sucede en el ámbito del arte, de la religión o de cualquier otra ideología que no dispone de buenos diseños de experimentos y no se basan en una idea clave, la única manera de progresar acumulativamente en el conocimiento es quitarle la razón a nuestro predecesor, sea o no una vaca sagrada. Estas carencias no tienen nada que ver con la estupidez o la estulticia de sus seguidores, sino en la enorme complejidad del asunto tratado, descubrir si un tratamiento médico es eficaz o no, es mucho más sencillo que demostrar si Shakespeare era mejor escritor que Cervantes (en el primer caso hay menos variables que controlar, en el segundo hay variables que incluso entran en conflicto con el subjetivismo).

Por todo ello habría de, profundizarse en los claroscuros de la sabiduría popular y sobre el por qué no hay que fiarse de lo que diga la mayoría (independientemente de que sea cierto o no).

                                                     J. Manuel Fernández