La primera página

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Manilva 01/02/2020.- Todos los políticos de todos los colores dicen que hay que planificar, pero a la hora de la verdad muy pocos lo hacen. Parte de la culpa la tienen los funcionarios técnicos, que a menudo tienen unas nociones de cómo se hace la planificación muy tradicionales, o simplemente las de la tecnocracia y que predican que la planificación debe hacerse en una lógica estrictamente técnica, apolítica y que los políticos deben limitarse a aprobar y aplaudir lo que digan los técnicos, o que la planificación debe ser intemporal, global, incremental, pesadísima y a muy largo plazo. 

Es decir, lo que todos entendemos por la planificación lentísima, cara e inútil. Otra parte de la culpa es de los propios políticos, que a menudo confían más en sus ideas improvisadas, repentinas y compulsivas que en un plan de trabajo serio y ordenado (quizás por convencimiento de que la planificación tradicional de los tecnócratas no sirve de nada...) Se debe planificar, pero hay que planificar bien, sencillo y rápido. 

Manos a la obra: se debe planificar como máximo en el primer año de legislatura. ¿Y cuál es el plan? Propongo que superado ampliamente el objetivo de los primeros cien días debe construirse el plan de mandato, al menos hasta el nivel de primer borrador completo. Un documento que bien pudiera tener las siguientes características:    

• Un compromiso político entre el programa electoral del partido ganador o que ostenta la alcaldía (o bien una combinación de los programas electorales de las fuerzas políticas que han hecho la coalición de gobierno) cotejado y contrastado con una evaluación aproximada de los recursos disponibles (presupuestarios, organizativos, de tiempo...)    

• Un enunciado de los principales proyectos de actuación, no sólo de obra pública, sino de servicios, prestaciones sociales, cambios organizativos y también de personal...    • Un calendario del proceso de aprobación del propio plan de mandato, con las operaciones previstas de información y de la necesaria participación ciudadana, negociación con diferentes actores implicados y de tramitación y aprobación institucional.    

• Una previsión del proceso de revisión y actualización del plan de mandato. No es necesario que el plan de mandato sea muy detallado. Nunca debería ser un documento pesado ni tecnocrático que sólo los expertos entiendan. Un buen plan de mandato debería ser un documento de no más de 10 páginas con un resumen de una página, la primera página.