Nuestra gente, entrevista a José Centeno amado "de los Candela"

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Nuestra gente, una sección de José López-Pozas

01/02/2020.- Entrevista a José Centeno Amado “de los Candela”

Quedamos a las 11 de la mañana de una fría mañana de Enero en la Cafetería Plaza de Manilva, y allí apareció puntual y sonriente José Centeno Amado, manilveño de la familia de “Los Candela” y con toda una vida de arriero, con su caja de dominó en  mano. 

Me sorprende la vitalidad de José nada más verlo, aunque ya sé de antemano que voy a conocer a la persona de más edad de la localidad que el próximo 14 de Febrero, sí el día de San Valentín, cumplirá la friolera de 95 años, “hace unos meses falleció un pariente mío llamado Antonio Vázquez que era un año mayor que yo”, nos cuenta. 

Es el cuarto de siete hermanos y recuerda una guerra civil, aunque en aquel entonces sólo tenía 11 años, “pero me acuerdo perfectamente, como cuando tuvimos que salir corriendo para Marbella donde estuvimos 3 meses”. De la posguerra si recuerda sobre todo “las calamidades y el hambre, aunque teníamos un terrenito donde plantábamos, pero éramos muchas bocas en casa”

Mientras nos tomamos un café bien calentito observo como sus ojos brillan con nostalgia al hablar de su familia, “mi padre era pescadero, que no pescador” y aunque seguían labrando la tierra en su parcela, la principal actividad en aquellos días era la compra y venta de pescado fresco. “Existía la pesca de copo (arrastre con la red) que abarcaba de Chullera a Arroyo Vaquero”. Y como no había lonja, me cuenta que se hacían montones de pescado en el suelo de jureles, sardinas, boquerones, besugos…. y un buen montón de morralla, “pero mi padre era un tratante muy bueno… compraba y vendía muy bien, aunque en alguna ocasión se vino  de vacío al no haber llegado a un acuerdo”.  

Una vez comprado el pescado “mi hermano mayor y yo cargábamos todo en caballos para venderlo en Jimena y en Gaucín”. Recuerda que tardaban unas 7 horas de camino, llegaban de madrugada y a la vuelta dormían en una venta que había en el camino que se llamaba “Venta de los Nogales”, aunque volvían de vacío, “a veces nos traíamos unos pellejos de aceite”

Su padre falleció a los 62 años y ya por esa fecha empezó la bajada de las capturas “llegaban barcos de otras zonas y ya nunca fue igual la pesca ni de cantidad, ni de calidad”. Pues encantado de conocerle D. José y espero que el próximo 14 de Febrero apague las velas de una tarta grande, y el próximo y el próximo… Y allí lo dejo, preparando su partida de dominó diaria con amigos y vecinos.